Fuente: arqa, plataforma arquitectura, graphisoft
De la misma manera que en su día la aparición de las utilidades de dibujo por ordenador transformaron los métodos y tiempos de trabajo a la hora de generar proyectos de arquitectura; en los últimos años la presencia de un nuevo tipo de programas se ha popularizado en varios equipos a nivel internacional para postularse como la futura herramienta principal capaz de realizar todos aquellos cometidos de los primeros además de muchos otros y, así, protagonizar un nuevo salto cualitativo en el proceso de diseño: el Modelado de Información para la Edificación o BIM (Building Information Modelling).
A pesar de datar su aparición en 1987 con el lanzamiento por parte de los desarrolladores húngaros Graphisoft del software ArchiCAD; no es hasta 2002, momento en que Autodesk se hace con el poder de la empresa texana Revit, en que la popularización y diversificación de oferta de programas BIM se hace notorio a escala internacional y se adentra en el organigrama de trabajo de arquitectos y despachos de arquitectura.
Ahora bien, ¿qué diferencia el software BIM del software CAD y qué ventajas o desventajas supone?
La principal diferencia radica en la manera de trabajar que ambos nos obligan. Mientras que los primeros son llamados programas de diseño vectorial, es decir, elementos bidimensionales o tridimensionales de geometría; los programas BIM trabajan a través de información. Todo elemento que aparece o que se inserta en un proyecto representa una información concreta que incluye también su geometría y que permite que su visualización en todo sistema de representación (planta, alzado, sección o vista) sea inmediata.
Dicha información permite que, a la hora de trabajar el proyecto, tanto la generación de documentación, variación de datos, simulación de la construcción o incluso cálculo de costes; se pueda realizar de forma inmediata con el control de la base de datos y parametrización del proyecto.
Imaginemos que estamos realizando un proyecto ejecutivo y recibimos una llamada de un industrial que nos obliga a cambiar el modelo de un elemento. El trabajo farragoso que puede durar horas de llevar a cabo dicho cambio en todos los documentos de dibujo y de mediciones podría realizarse de manera instantánea gracias al cambio de un parámetro, que puede llevarnos 30 segundos.
De la misma manera que en términos de producción optimizamos la relación de tiempo y esfuerzo en la curva de diseño gracias a BIM; es cierto que el mismo nos obliga a establecer mayor dedicación y restricciones de diseño en el inicio del proyecto que podemos ahorrarnos con CAD, donde esbozar y dibujar una primera idea del proyecto puede ser mucho más sencillo e intuitivo.
Aún con ventajas evidentes y potencial de trabajo mayor, por ahora el software CAD ocupa el mayor porcentaje de usuarios entre profesionales dedicados a la arquitectura; y parece que la complementación de los mismos con BIM puede asegurarle un lugar en la metodología de trabajo de todos de cara al futuro, aunque posiblemente diferente.
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